Friday, September 14, 2012

Dictados


No es un dictado,
señora maestra,
ni es éste mi cuaderno de escritura
ni estamos ya en su clase de primaria.
Es mi diario,
el libro de mi vida.

Y si ahora usted corrigiera y tachara en rojo
los errores,
los equívocos
(como subrayaba en esos dictados, con rotulador rojo, las faltas de ortografía
–lo que, siendo con be, escribí yo con uve,
o las haches que omití o indebidamente puse…-),
si ahora usted corrigiera y subrayara
las equivocaciones de mi vida,
¡qué cúmulo de rayas y de enmiendas,
de subrayados rojos en mi libro!

Cuántos errores, señora maestra.

Y qué puedo decir
más que llegué al mundo sin saber ortografía;
que vine sin saber,
vine ignorante;
que nací inadvertido e iletrado.

Y que luego, cuando viví
e incurrí en todos los errores que siguieron,
tampoco nadie me había explicado
las bes, uves y haches del camino.

Tampoco entonces nadie me enseñó
a escribir los dictados de la vida.

3 comments:

NáN said...

Es que el error, es la Maestra, y la ortografía se ha cambiado por la ortocardía.

saiz said...

Hola, Nán. Aunque no siempre te conteste, leo con mucha atención (y cariño) todos tus comentarios. Un abrazo.

LuisMi said...

Pero hay otra forma de verlo. Seguro que en el cuaderno son menos las palabras no subrayadas que las sí subrayadas en rojo. Y todas esas palabras no subrayadas fueron aciertos. O sea que al final los aciertos ganaron a los errores, y posiblemente por goleada. Aunque a lo mejor no resulta muy poético...