Veremos desde fuera
(fuera ya de nosotros)
nuestra ignorancia,
nuestra obnubilación.
Se hará visible al fin nuestra ceguera.
Podremos descubrirnos como pequeños títeres,
como meros corpúsculos llevados,
empujados por fuerzas superiores,
extrañas,
poderosas
y ajenas a nosotros.
No hará falta decir ¿por qué lo hiciste?
No habrá que pedir cuentas,
ni razones,
ni indagar en los ejes y engranajes del daño.
Se hará la luz,
se hará la lucidez.
Ya entenderemos todo.
Y nos perdonaremos.